En estos días he leído la obra de
Susan Sontag titulada “Ante el dolor de los demás”. En la cual Susan nos narra cómo
han usado en la guerra a la fotografía desde los años treinta donde se forjo
como una profesión hasta tiempos más actuales.
Esta profesión no solo se basaba en
mostrar el “lado bueno” de la guerra como a soldados descansando o limpiando
sus armas. Mostraba más bien el “lado atroz” de esta. Los fotógrafos creían que
su papel era mostrar el rostro real de lo que pasaba ahí. Aunque es algo absurdo que los periodistas
pretendan mostrar el mundo en solo unos minutos o unas cuantas fotografías.
Las personas creían que el horror
al ver estas fotos haría que se entendiera que la guerra es una atrocidad,
muchos países incluso acuden a guardar esos recuerdos para tener una
perpetuación de sus historia y sufrimientos. Lo ven como una forma de avanzar y
seguir progresando para no volver a caer en los errores del pasado que los
llevaron a ese sufrimiento.
Personalmente me parece extraño que
las personas acudan a esas imágenes con tanta frecuencia pero según Sontag,
esto pasa puesto que las fotografías o imágenes donde se muestra el sufrimiento
son forma de comprender el dolor y sacrificio ajeno. Ella presenta el ejemplo
de la imagen de la crucifixión pues para los no creyentes podría ser ilógico
que a los creyentes les sea satisfactorio estar contemplando la muerte de su
Dios. Sin embargo para los creyentes el ver la representación del hijo de Dios
sufriendo es un recordatorio de amor y sacrificio. Por lo cual a las personas
al ver las imágenes pueden tener reacciones incluso de agradecimiento puesto
que esas personas o militares dieron su vida en el combate para que los demás puedan
estar en casa tranquilos esperando que la paz llegue. El hecho de que al ver
estas imágenes no sientan dolor según Virginia Woolf convierte a los espectadores en monstruos
morales.
La fotografía fue aceptada por la
sociedad como la prueba más verídica pues fue una maquina quien la registro en
el momento exacto; aunque a veces, el espectador no le da una significación a
la fotografía según la realidad en la que fue tomada, más bien en el contexto que
se presenta. De la misma manera la sociedad tiende a aceptar menos las fotos
profesionales puesto que por la estética de la fotografía tiene más
probabilidad de haber sido manipulada. Aunque también Susan nos presenta que
era frecuente que los fotógrafos crearan su escena. Fuera o no un montaje, no
se puede decir que la fotografía presenta todo lo que estaba presente en el
momento de la captura, pues con el simple hecho de encuadrar, la naturaleza de
la acción es quitar de la toma lo que no sirve.
Para concluir la fotografía de
guerra también sirvió para los altos mandos pues ponían al alcance del pueblo
el sacrificio de los soldados por su patria y por alcanzar “la paz”. Lo cual
demuestra que siempre podrán tomar cartas sobre quienes quieran atentar contra
el bienestar de la patria. Y puesto que las fotos muestran sufrimiento y muerte
también queda claro que cueste lo que cueste lograran la tranquilidad. Por
consecuencia la gente se vuelve un simple espectador pasivo. Que no se
atrevería a levantarse en contra de lo que los altos mandos decida puesto que
podrían terminar como alguno que aparece en esos millones y millones de fotos.
Salma Castro
Sontag,
Susan (2003) Ante el dolor de los demás. Recuperado de [https://www.lectulandia.com/book/ante-el-dolor-de-los-demas/]
el 20 de enero de 2017.
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